El Santo Rosario Verdad Camino Vida
 
Consagración del apostolado
El rostro del hombre de la Sábana Santa¡Oh Jésùs Maestro,
Camino, Verdad y Vida
ten piedad de nosotros!

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Dios te salve, María, madre, maestra y reina de todo apostolado. Tú eres la reina de los ángeles, de los patriarcas, apóstoles, mártires, confesores y vírgenes. Tú, velando siempre por la salvación de todos, diriges la mirada sobre justos y pecadores. Jesús, desde la cruz, te confió la misión de ser nuestra madre, y por eso encendió en tu corazón la llama del amor y solicitud universal. Continúa, pues, suscitando, sosteniendo y formando vocaciones para todos los apostolados en favor del reino de tu Hijo.

Nosotros, llamados al urgente apostolado de la comunicación social, te consagramos la creatividad, los medios, iniciativas y fatigas del trabajo cotidiano. Y sobre todo, te consagramos nuestras propias personas: energías, inteligencia, voluntad y corazón. Somos tuyos, madre querida, y todo cuanto tenemos lo ofrecemos a Jesús por mediación tuya. Haz que descienda sobre nosotros la fuerza del Espíritu Santo con la abundancia con que descendió sobre los primeros apóstoles. Ilumina nuestra mente para que comprendamos la grandeza de nuestra vocación. Fortalece nuestra voluntad y enciende el amor en nuestro corazón. Santifica a los escritores, técnicos y difusores.

Que escuchemos, sigamos y amemos a Jesucristo, Divino Maestro. Que el pecado no profane nunca nuestras personas ni los medios y locales a ti consagrados. Líbranos, madre inmaculada, de la insidiosa tentación del desaliento.

Vive entre nosotros, María. Dichosos los que viven en tu casa.

Te prometemos usar con dignidad todos los medios de nuestro apostolado, pues te pertenecen, reina nuestra. Queremos esforzarnos para que las ediciones sean pastorales en el contenido y, en su presentación, dignas de las verdades que comunican, ofreciendo siempre, como hiciste tú, a Cristo, camino, verdad y vida. Que el evangelio se difunda e ilumine al mundo según el espíritu de san Pablo, nuestro padre, y que todas las generaciones te proclamen dichosa.

Habla, Jesús, pronuncia tus palabras de vida eterna; derrama tu Espíritu sobre la humanidad. Que haya un único magisterio, como una es la Verdad, uno el Maestro, una la fe y una la Iglesia.

Tú estás con nosotros, y desde aquí quieres iluminar. Concédenos vivir siempre en continua conversión.

Bendice a cuantos cooperan con la oración, la acción y los recursos económicos.

Ven, Señor Jesús; vive en nosotros y reina en el mundo por María y con María.

Que nuestra muerte sea serena como la de quien ha sido fiel a su vocación; y nuestro encuentro definitivo contigo sea el momento en que el obrero diligente recibe con gozo su salario; y nuestro premio eterno sea el reservado a los apóstoles. Por ti, Jesús, y por ti, María, gloria a Dios Padre por los siglos y en la tierra paz a los hombres. Amén.

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